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La historia del paraguas

Der Erfinder des Regenschirms

Aunque en Munich suele llover más (964 mm de precipitaciones de media anual) que en Hamburgo (714 mm) y en Bremen (715 mm), las ciudades hanseáticas tienen fama de ser lugares partiularmente lloviosos. La advertencia de que las ciudades de Freudenstadt, Kempten, Berchtesgaden o Bad Tölz sufren precipitaciiones del más del doble de las cantidades de Bremen y Hamburgo es un hecho, al cual la gente no suele hacer mucho caso. Se mantiene el estéreotipo del mal tiempo asociado con la costa, los dos son inseparables. Sólo Inglaterra – y sobre todo Londres – se reconoce como “agujero del tiempo” y metrópolis del paraguas.

Entonces no es sorprendente que fuera un Inglés – Jonas Hanway (1712-1786) – que hizo famoso el paraguas tal y como lo conocemos hoy en día. La placa conmemorativa de Hanway en la catedral de Westminster Abbey nos recuerda sus esfuerzos por los huérfanos y las prostitutas, pero no hace mención de sus méritos revolucionarios por el paraguas. La palabra inglesa “umbrella” revela el origen de ese protector de tiempo portátil. Pues mucho antes de que la gente de Inglaterra y de otros continentes comenzara a taparse de la lluvia con un paraguas, ya se utilizaba como parasol, proveniendo de la palabra latina “umbra”, la sombra, “umbrella” siendo el diminutivo de la misma (en Italiano “ombrella”). En todo caso, se consideraban tanto el paraguas como el parasol como un accesorio femenino.

El comerciante Lonidense Hanway finalmente acabó con ese estéreotipo y convirtió el paraguas en el acompañate imprescindible del caballero británico. Al rededor del año 1800 un paraguas pesaba unos cinco kilos, pues su estructura estaba hecha de varillas de madera y barba de ballena. Incluso el admirante Wellington, el vencedor de la famosa batalla de Waterloo, tenía un paraguas hecho de lienzo de cera, el cual alojaba una espada en el mango. Y otro Inglés, Samuel Fox de Sheffield, súbdito de su majestad, la reina Victoria, inventó la estructura de metal en 1852, la que finalmente liberó los paraguas de su peso poco manejable. Debido en parte a la importación libre de derechos de aduanas de materias primas desde las colonias, Inglaterra podía producir los paraguas de forma barata, estando los costes por paraguas por debajo de un penique. En la novela de Charles Dickens “Los Pickwickier”, los votantes de la ciudad de Eatonswill fueron sobornados con paraguas caros: “45 paraguas verdes a siete chelines y seis peniques”.

A partir de aquel entonces el paraguas apenas ha cambiado de forma: negro, delgado y exactamente enrollado sigue protegiendo en el día de hoy al caballero de la ciudad de Londres y del resto del mundo. Todavía hoy seguimos vendiendo en todo el mundo paraguas personalizados hechos a mano. Los paraguas han llegado a evolucionar su propio estilo de arte, ya sea como dorado, plateado, de cuero, madera, marfil, escuta de tortuga, bambú, malacca, o incluso mangos con linterna integrada, lápiz, reloj, cajita de pastillas, vaso de chupito y brújula, los hay de todo tipo.

Ya en el año 1715 el fabricante Pariseño Marius anunció un paraguas de bolsillo y en el siglo 19 hubo varios intentos de hacerlo más portátil. En 1852 el Británico John Gedge anunció un paraguas que se abría automaticamente.

Sin embargo, Hans Haupt consigió el primer éxito en Berlín en los años 20 del siglo pasado. Él construyó el primer paraguas telescópico (anteriormente, los paraguas se plegaban) y fundó la empresa “Knirps GmbH” (la palabra alemana “Knirps” significa “chiquitín”). Desde entonces, el “Knirps” comenzó a revolucionar el mundo de los paraguas. En el año 1936 salío al mercado, también en Alemania, el primer paraguas de bolsillo automático llamado “Lord & Lady”.

Entrando en los años 50 comenzó el ascenso del paraguas plegable, dejando atrás la imagen del “accesorio de moda” a favor de la utilidad y de los deseos de una sociedad móvil y práctica. El pequño milagro “Knirps” experimentó un “boom” increíble en los años 50, el cual se aumentó aún más por el invento y la introducción de los materiales tipo nilón con sus colores y dibujos fantásticos. El paraguas llegó a ser más delgado, ligero, plano y bastante más durable. Entre el reloj de pulsera y la joyería, el Knirps se había convertido en el regalo estandar para las comuniones, las confimaciones, los cumpleños, el día del Santo, el día de la madre/del padre y los Reyes Magos. De hecho, en los años 60 hubo una “oferta” de un “Knirps-Set” (un juego de paraguas Knirps) por 1.475,00 marcos Alemanes! Poco después comenzó la entrada de los paraguas de fabricación barata desde Asia en los mercados mundiales y, como consecuencia, para la generación del “Rock'n Roll” el Knirps dejo de ser un símbolo de categoría social.

No fue hasta finales del sigo 20, cuando el paraguas volvió a empezar a ser inovativo por nuevos materiales y funciones - esa vez los nuevos inventos vinieron desde Asia, cambiando el mercado – como el paraguas ligero fabricado de aluminio, incluso de fibra de vidrio, estructuras nuevas con doble mecanismo de cierre y apertura automático, tejidos y recubrimientos nuevos como el teflón.

A la hora de elegir su paraguas no se conforme con menos que con lo mejor, en primer lugar porque no se suele olvidarse uno del “Rolls Royce de los paraguas” (el miedo a la perdida tiene un efecto enorme al rendimiento de la memoria). En segundo lugar, tal vez llueva justo en el momento de salir a comer con su jefe, de modo que con su paraguas noble podrá usted mantener de forma discreta una “Bella Figura” ante las circunstancias menos agradables. Y finalmente, un paraguas de esa clase mantendrá su aspecto durante mucho más tiempo, será más durable y admás cuidará nuestro medioambiente.